Y es que, hoy, no hemos venido hablar de prosperidad sino de la Señora Carmen, mujer de etnia gitana, de edad indefinida, a la que conocí, comprando el pan, una mañana. Desde entonces, cómo escribirlo sin que se entere tu mano izquierda puñetera, le hago llegar una, insuficiente, ayuda semanal, que le alivie la angustia de no tener qué llevar hasta el nido. Sé de esta Carmen de España lo que ella misma me ha contado, con su voz entre nieblas del que pide porque, viuda, tiene hijos que criar, vive en una chabola y está enferma; seguro estoy de que alguno, siete ceros en cuenta, me ha venido engañando más y peor, y pasa por veraz y padre de la patria.
Hay otro drama más, con muerte de por medio, rondando su dolor incalculable; lo callaré: de sus labios no ha salido y yo no me atrevo a preguntarle: con lo que le ha quedado, ya nos llega para esta amistad que no lo es, aunque yo intente que esté llena de respeto y de disponibilidad mientras se pueda.
Ahora que van a tocarnos las pensiones, quisiera preguntar a las autoridades competentes dónde he de tachar y en qué papel para que, además de colmar las arcas de los banqueros alemanes, suizos y paradisíacos en general, reserven una cantidad para que esta Señora Carmen que se busca la vida extendiendo la mano, palpando todo tipo de tinieblas, pueda, antes del invierno, mudarse a una vivienda con su prole, comer caliente y tener un futuro que llevarse a su dignidad irrenunciable.
La he visto, no hace tanto, en la Plaza de Armas, reivindicando un techo en Recimil. Ojalá, Señora Carmen, lleguemos a ser vecinos usted y yo, aunque sea en distintos tiempos. Me gustaría escuchar su voz, alguna vez, la suya propia, no la del mendicante, afirmando que hay un poco de Justicia en este mundo…

(Publicado en DIARIO DE FERROL)

Cumbres Borrascosas

Raimundo_Madrazo_-_Gitana

Y es que, hoy, no hemos venido hablar de prosperidad sino de la Señora Carmen, mujer de etnia gitana, de edad indefinida, a la que conocí, comprando el pan, una mañana. Desde entonces, cómo escribirlo sin que se entere tu mano izquierda puñetera, le hago llegar una, insuficiente, ayuda semanal, que le alivie  la angustia de no tener qué llevar hasta el nido. Sé de esta Carmen de España lo que ella misma  me ha contado, con su voz entre nieblas del que pide porque, viuda, tiene hijos que criar, vive en una chabola y está enferma; seguro estoy de que alguno, siete ceros en cuenta, me ha venido engañando más y peor, y pasa por veraz y padre de la patria.

Hay otro drama más, con muerte de por medio, rondando su dolor incalculable; lo callaré: de sus labios no ha salido y yo no me atrevo a preguntarle:…

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